Vida Personal

Crecer en una familia de artistas y no morir en el intento

Estar un fin de semana en un museo o galería era un paseo familiar común para mí cuando era niña. De hecho hasta tenía un juego: quién acababa de ver todas las piezas más rápido ganaba. Mi padre siempre ganaba, hasta hubo veces que se acomodaba en alguna silla para dormir.

Me encantaba ver a mi madre quejarse en los museos, cada fin de semana, del mismo tema: «el arte contemporáneo no es arte» ¡hubo veces que hasta se ponía a discutir con otros espectadores! esos momentos no tenían precio.

Tener dos padres artistas suena hermoso, como un cuento lleno de curiosidades o aventuras pero realmente es todo un reto además en mi pequeña familia de cuatro, todos tienen su arte, sus humores, sus sensibilidades y sus técnicas para convivir.

(fotografía de mi madre pintando, antes de casarse)

Mi padre, Eduardo De Urquijo, es un curioso ser con alma libre, jovial y simpático, lleno de teorías conspirativas e historias familiares mágicas. Tiene un enorme currículum de estudios y varias exposiciones individuales como “Fantaseando con la Biología”, “Humor en la Ciencia”; y colectivas como “El Arte en Familia», entre otras. Su gran proyecto actual es mi favorito de todos, un trabajo delicado y de mucha técnica con escultura de obsidiana, sip… ¡de piedra obsidiana! yo ando obsesionada tengo varias en mi casa. Lo que más me encanta de este proyecto es cómo explica la vida y energía que tienen las piedras, cómo de alguna manera se comunica con ellas para que ellas le digan qué forma quieren tomar, que exceso de ellas quitar, donde pulir y cuando ya esta lista su forma.

(Piedra escultórica en obsidiana, Eduardo De Urquijo)

Mi madre, Maripé Icaza, exalumna del gran pintor Jorge Sánchez Hernández ya se ha dado su lugar en Mérida como pintora y maestra de excelentes alumnos y me llena de orgullo verla enfrentar sus retos y salir victoriosa. Por el momento está trabajando en una exposición de acuarela y me ha pedido no dar muchos detalles en este blog, sea por no ahuyentar a la suerte o para dar misterio de su nueva colección. Pero me dio permiso de mostrar estas obras suyas igual en acuarela:

(Acuarela, Maripé Icaza)
(Acuarela El Faro, Maripé Icaza)

Mi hermana, Lupita De Urquijo, siempre fue una vendedora innata de arte, desde pequeña la veía con ilusión ya que dibujo que hacía, dibujo que vendía (un talento dificil de encontrar en un artista). Ella estudió la carrera en Diseño y Comunicación Visual, en la UMSA. Y por el momento entró en pausa con el arte pero estoy segura que regresará fuerte y segura. Expuso en varias ocasiones tanto como pintora como fotógrafa. De la exposición que tengo dato fue la exposición colectiva Entre el Cielo y la Tierra, en Peón Contreras donde expuso con varios artistas, entre ellos mi madre.

Lupita De Urquijo
(Caracoles en Carboncillo, Lupita De Urquijo)

 Una infancia llena de arte fue lo más común y corriente para mí, de hecho fue hasta ser adolescente que me di cuenta que las demás familias eran diferentes, y de alguna manera encontré su lado curioso y divertido:

1. Las pláticas en familia son muy interesantes, desde discusiones culturales, de técnicas artísticas o estéticas, siempre hay un tema divertido que discutir.

2. Las tareas de maquetas eran obras de arte (¡porque obviamente nos ayudaban nuestros padres!) y las mostrábamos a nuestros compañeros con tanto aire de orgullo que parecía demostración de inauguración de galería. 

3. Los pleitos por seleccionar la música ambiental era una discusión de diario, ya que podría afectar «nuestro estado emocional» y por lo tanto los trabajos.

4. Pedir la opinión de alguno de nuestros padres era un arma de doble filo, en parte te hacía sentir bien y seguro cuando el proyecto estaba en buen camino, pero después de un «está hermoso» venía un «pero deberías mejorar la proporción de…» y no terminaba la lista de defectos, aunque fuera nada más la tarea de hacer la portada en el cuaderno de biología… de 3ero de primaria.

5. Si hacíamos un viaje familiar llegar al destino estaba lleno de imprevistos, ya que cada paisaje, animal o curiosidad era «necesario» parar el viaje para hacer una sesión fotográfica a detalle, porque podría resultar en ser una gran pintura.

6. Los albums familiares son 80% paisajes y puestas de sol; y 20% retratos familiares.

7. Nos enseñaron que el arte tiene una conexión espiritual, mi madre lo demostraba con sus creencias en Dios, la conexión con Dios y la naturaleza; y el poder del arte religioso. Mi padre me enseñó el lado espiritual y la conexión con la energía y la emoción que el artista impregna en sus obras.

 8. No había límites en nuestros sueños y metas de vida, nuestros padres son las personas más optimistas y elevadoras de autoestima que conozco. Nos animaban a tomar cualquier nuevo hobbie o carrera, demostrándonos que ellos no nos limitarían nunca en estas decisiones, cosa que les estoy inmensamente agradecida. 

¡Gracias Eduardo, Maripé y Lupita por tantas bellas experiencias!

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